
En el verano de 1946, Picasso se instala en el Midi francés. El contacto con el Mediterráneo hace aflorar una nueva dimensión en la obra del artista. Personajes mitológicos y escenas paganas se convierten en los auténticos protagonistas de sus lienzos. La obra central de este momento, La alegría de vivir, una pintura desenfada y suelta, pone de manifiesto el talante renovado del artista y su apuesta por la vida.
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